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Noticias "antiguas"
Moais
Material enviado por
Marisol Roldán & José Antonio Roldán
noterrestre@eresmas.com


Encuentran pruebas más antiguas de vida en la Tierra

Jueves, 30 de noviembre de 2000
 

Un equipo de científicos de la Universidad del Estado de Pensilvania ha identificado, en muestras de suelo sudafricano, restos de materia orgánica que datan de unos 2.600 millones de años y pueden ser las pruebas más antiguas de vida terrestre.

"Nuestro trabajo muestra que la materia orgánica en este suelo muy probablemente representa los restos de microbios que se desarrollaron en la superficie de la Tierra entre 2.600 y 2.700 millones de años atrás", indicó el profesor de geoquímica y director del Centro de Astrobiología de la universidad, Hiroshi Ohmoto.

En un artículo que publica la revista Nature, Ohmoto señaló que esas evidencias "colocan el desarrollo de biomasa terrestre más de 1.400 millones de años antes que lo hasta ahora documentado".

Los científicos han hallado evidencias que de hubo microorganismos en los océanos desde hace por lo menos 3.800 millones de años, pero hasta ahora no se ha determinado cuándo esas formas de vida colonizaron la tierra firme.

Los restos más antiguos de vida terrestre hasta ahora identificados, y sin disputa sobre su antigüedad, son microfósiles de 1.200 millones de años que se hallaron en Arizona.

Los científicos de Pensilvania estudiaron muestras de suelo tomadas en la provincia de Mpumalanga, en Sudáfrica.

Mediante una variedad de métodos geoquímicos determinaron que un paleosolo, que data de 2.600 a 2.700 millones de años, contiene carbono orgánico que no se originó en fluidos de alta temperatura ni es remanente de movimiento de petróleo más tardío, sino que tuvo su origen biológico en ese lugar.

Un paleosolo es una capa de suelo antiguo, en este caso enterrada y preservada donde se formó.

Dado que la capa de suelo, de casi 17 metros de espesor, encontrada en Schagen, se ubica entre una estrato de 2.700 millones de años de antigüedad, y un lecho de cuarcita de 2.600 millones de años, los investigadores datan ese suelo entre esos dos períodos.

Pero es mucho más difícil demostrar que el carbono hallado en ese suelo tiene origen biológico, y que se acumuló durante la formación de esa capa terrestre.

El equipo, en el cual también participaron Yumiko Watanabe de la Universidad Tohoku de Japón, y Jacques Martini, del Servicio Geológico de Sudáfrica, evaluó tres posibilidades para la formación de carbono reducido en el suelo.

La primera es que el carbono consiste de cristales de grafito creados cuando el estrato del suelo subyacente se formó en medio de altas temperaturas. Luego el grafito se habría concentrado durante la formación del suelo.

Pero Ohmoto escribió en la revista Nature que "las proporciones de cristalinidad y de hidrógeno y carbono en esa materia orgánica sugieren que no tuvo un origen ígneo o hidrotérmico".

La segunda posibilidad de origen de ese carbono reducido era la introducción de hidrocarburos líquidos después de que terminó la formación del suelo. Tales materiales, introducidos después de la formación, deberían aparecer en las fracturas de las rocas.

Pero "la materia orgánica está concentrada, en casi todos los casos, en partes del suelo ricas en arcillas en las rocas paralelas a la antigua superficie".

"La materia orgánica y las arcillas están tan mezcladas que el tamaño y las formas de los 'granos' individuales de materia orgánica sólo pueden reconocerse bajo microscopios electrónicos", añadió.

Y así los investigadores de Pensilvania optaron por la tercera posibilidad: el carbono orgánico es lo que queda de formas de vida que se desarrollaron en la superficie del suelo.


El descubridor de cometas más anciano del mundo

El neozelandés Albert Jones, de 81 años y aficionado a la astronomía, se ha convertido esta semana en el más anciano de los descubridores de cometas del mundo.

Se define a sí mismo como "un aficionado" a la astronomía pero se dedica a investigar los cielos nocturnos con el telescopio "desde que era muchacho".

En la madrugada del pasado lunes 27 de noviembre, se levantó a beber un vaso de agua y no pudo evitar echar una mirada a través de su telescopio antes de volver a la cama, pero encontró algo que le desveló por completo: un brillo nuevo en el firmamento.

Perdió el sueño y con calma, según cuenta, se tomó su tiempo para repasar, repetir y comprobar la observación.

En plena madrugada llamó por teléfono para comprobar su hallazgo al observatorio de Monte John, a 600 kilómetros al suroeste de Wellington y dependiente de la Universidad de Canterbury.

El aviso desencadenó una serie de comunicaciones internacionales que llevó a un número de telescopios de todo el mundo a enfocar el trocito de cielo austral al que apuntaba el de Jones.

En pocas horas, éste recibía respuesta de los expertos: sí, había descubierto un nuevo cometa e iba a compartir los honores con un astrónomo japonés Utsumomiya que avistó el mismo cuerpo celeste tres días antes.

El cometa Utsumomiya-Jones no puede observarse a simple vista, pero es un flamante espectáculo en el cielo austral.

Era la segunda vez en que el "aficionado" neozelandés inscribía su nombre en el universo desde que, en 1946, cuando tenía 26 años y vivía en la localidad de Timarú, a 570 kilómetros al sur de Wellington, dio con otro errático cuerpo celeste al que llamó Cometa Jones.

Desde entonces, este hombre paciente aprendió suficiente para fabricarse sus propios telescopios, como el que usa en la actualidad en el fondo de su casa: una vivienda en la costa neozelandesa que goza de una meteorología apropiada y cielo despejado la mayor parte del año.

En contraste, el observatorio de Monte John se encuentra construido en la cima de ese pico de 1.031 metros de altura sobre el nivel del mar, lugar elegido para aprovechar el aire claro de la montaña y una gran cantidad de horas de cielo despejado durante todo el año.

Además, el centro dispone de uno de los telescopios de mayor alcance de entre los que funcionan en el país.

La vida que Jones ha dedicado a la astronomía recibió el reconocimiento nacional con una condecoración, en 1987.

Para este explorador de las alturas, el cielo nocturno "es una de las maravillas de la creación que le es posible observar al ser humano" y afirma que su recompensa la recibe cada noche.

De su afición comenta que consiste en "una feliz oportunidad en la que el trabajo de una persona corriente puede ser de utilidad a la comunidad científica".

Su secreto es la paciencia: "lo importante es ser constante y no tener prisa. Yo empecé a estudiar el cielo con un telescopio en 1939, siete años después descubrí un cometa, pero me llevó 54 años encontrar este otro. Observo todas las noches el cielo para vete a saber cuándo aparece otra oportunidad. A lo mejor tarda otros 54 años", agrega sonriente.


Descubren un "planeta menor" en un oscuro rincón del sistema solar

Un astrónomo de la Universidad de Arizona ha descubierto un objeto en los extremos del sistema solar que podría ser el segundo "planeta menor" en tamaño e intensidad de su brillo, según informaron los investigadores.

Denominado 2000 WR106, este objeto de gran tamaño descubierto en el cielo por el astrónomo Robert McMillan parece ser superado solamente por Plutón entre los objetos que se encuentren más allá de la órbita de Neptuno. El descubrimiento, ocurrido en un poblado campo de estrellas de la Vía Láctea, tiene entre un cuarto y la mitad del tamaño de Plutón. Mide entre 531 y 1.207 kilómetros de diámetro, y se encuentra a una distancia del Sol que es 43 veces superior a la de la Tierra. Se cree que es más grande que Ceres, el más grande asteroide conocido.

"Supe que tenía posibilidades de ser muy especial cuando lo vi", dijo McMillan, investigador principal del Proyecto de Observación Espacial, un programa que ya lleva 20 años dedicado al estudio del sistema solar. "Es muy gratificante encontrar algo como esto luego de todos estos años", agregó. Tales "planetas menores" son clasificados por los investigadores del campo como objetos transneptúnicos, debido a que se encuentran más allá de aquel planeta. Se han catalogado 346 desde que comenzó el proyecto en 1992, pero pocos son como el 2000 WR106. "Cuanto más brillante es el objeto, más grande suele ser", dice Brian Marsden, director del Centro de Planetas Menores de la Unión Astronómica Internacional de Cambridge, Massachusetts. "En este tema, si es brillante es grande. Esa es una buena estimación a priori".

Marsden dijo que el descubrimiento puede ser un paso importante hacia una mejor comprensión y una ayuda para completar el mapa de la enormidad del espacio. También podría significar que quedan otros grandes objetos por descubrir, tal vez hasta del tamaño de Plutón, en el sistema solar. McMillan indicó que vio el objeto por primera vez el 28 de noviembre, mientras observaba en su computadora las imágenes capturadas por el telescopio de Kitt Peak, en las proximidades de Tucson, Arizona. El científico revisó las imágenes cuadro por cuadro hasta asegurarse de que podría haber visto algo y dijo que el objeto pudo haber escapado a los ojos de los observadores debido a que estos no suelen buscar en áreas demasiado pobladas. "Es como buscar las llaves perdidas sólo donde hay mejor luz", dice. "Es más fácil buscar en los lugares que están más despejados, donde las cosas se encuentran con mayor facilidad", agregó.

La existencia del objeto fue confirmada con 12 observaciones efectuadas en los tres días siguientes por McMillan y el astrónomo Jeffrey Larsen. McMillan cree que llevará un par de años de trabajo para que otros investigadores puedan ofrecer un panorama completo del objeto recién descubierto.
 


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